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| Imágenes de Tim Barber |
No, hoy no toca debate. Salvo que os hayan invitado a navegar unos días o hayáis decidido alquilar un velerito estas vacaciones, en cuyo caso conviene que os hagáis la siguiente pregunta: ¿vais a ser tripusoles - tripulantes cuya misión principal es tomar el sol- o marineros?
La vela es una cosa muy seria. Un día de navegación puede ser la experiencia más placentera del mundo o puede ser una auténtica pesadilla, aunque para que llegue a ser esto último ya tienen que pasar cosas. Pero es que en el mar pasan muchas cosas oye. Para ir a navegar hay que tener en cuenta unas cuantas necesidades y equiparse acorde a ello. Por ejemplo, se necesita:
· Un/a patrón/a con título para llevar el barco y algo de práctica a ser posible.
· Los papeles. La Guardia Civil se da muchos paseos en lancha en verano (normal) y son rapidísimos. No tienes escapatoria, entre que pestañeas y no ya los tienes pegaditos y pidiendo documentación.
· Una buena tripulación, acorde al tamaño del barco y a ser posible variada en habilidades (incluído alguien que sepa hacer cocktails, para las puestas de sol...).
· Una buena revisión a tiempo... Los barcos requieren mantenimiento y aún así, se estropean. Conviene además incluir un/a manitas en la tripulación. Por si las moscas. Y alguien con bastante fuerza. (Ya lo sé, esto empieza a parecer una patera en vez de un velerito...)
Si esto os suena todo como poco apetecible, haced como la Palermo y llamad a Valentino, que os invite a su yate y no tengáis que ocuparos de nada más que de no quemaros y de manteneros hidratadas (y a flote).
Si en cambio queréis navegar un poco y ser parte de la tripulación activa, tendréis que hacer bien la maleta, así que apuntad algunas cosillas...
· Las cremas solares, a rajatabla. Os vais a hartar de sol, la sombra va a estar muy codiciada y os vais a poner morenos de todas todas. Cada pocas horas y aunque haga fresquito. La brisa engaña.
· Calzado: importantísimo. En los barcos no se lleva calzado de calle, pero es mejor llevar algo. Es imprescindible tener unos buenos náuticos (un par que sólo uséis a bordo), a ser posible de suela blanca (no deja señales), o algún zapato que se agarre bien a vuestro pie y con suela que se agarre bien al suelo. Ir descalzo en las maniobras favorece los resbalones y los golpes que duelen de verdad.
· Sombrero. Por el mismo motivo que las cremas solares, las gorras o sombreros resultan muy útiles, pero tienen que ir bien sujetos. Si no estáis dispuestos a lanzaros al agua a rescatarlo (con permiso del patrón/a), ¡mejor no llevarlo!
· Jersey/ropa de abrigo. Por las noches puede llegar a hacer fresco (más o menos según dónde naveguéis, claro), y si vais a hacer travesías nocturnas, añadid un par de calcetines y algún pantalón largo y cómodo (o unos leggings de algodón, por ejemplo).
· Pañuelos/diademas/gomas... Viento casi constante, enredos casi constantes, a no ser que os recojáis el pelo estratégicamente...
· Gafas de sol. Que vayan bien sujetas si no queréis que acaben en el fondo del mar. Hay cordoncillos a los que se puede acoplar incluso un pequeño elemento flotador, pero quizá baste con una visita a la óptica para ajustarlas... O no.
· Pastillas para el mareo y crema para los cardenales. Ambas cosas pueden suceder en mayor o menor cantidad... Tirando a mayor.
· Buena lectura y buena música. Normalmente hay muchos ratos para dormir, leer... Os sobrará el tiempo para ambas cosas. Y para el resto del tiempo, un buen recopilatorio musical.
· Poca ropa. Trajes de baño, shorts, camisetas, caftanes, polos... Pero pocos, porque siempre sobran. En los barcos el espacio se aprovecha al máximo, pero está ajustado.
· Aletas y gafas. Además de tomar el sol, nadar y bucear os ayudarán a mantener ese tipazo por el que lleváis meses en el gimnasio. En los barcos se come y se bebe mucho, ¡así que también hay que moverse! Si lleváis una cámara sumergible os permitirá fotografiar lo que descubráis bajo el agua.
· La pereza. Cuanto más activo, más se aprende y más se disfruta.
· Los tacones y modelitos urbanos. Los vaqueros ajustados.
· El reloj. En los barcos, el tiempo discurre de otra manera...
· La irresponsabilidad y el miedo. Los barcos son sitios para pasarlo bien, para vivir intensamente, pero antes que hacer una estupidez conviene pensarlo dos veces. No hay que tener miedo, pero sí respeto al mar y al viento. Son más fuertes de lo que parecen.
Si os gusta y tenéis la suerte de poder disfrutar una experiencia así, pasadlo genial y no dudéis en añadir lo que queráis a esta lista de necesidades. Si tenéis dudas, ¡preguntad lo que queráis!
· Una buena revisión a tiempo... Los barcos requieren mantenimiento y aún así, se estropean. Conviene además incluir un/a manitas en la tripulación. Por si las moscas. Y alguien con bastante fuerza. (Ya lo sé, esto empieza a parecer una patera en vez de un velerito...)
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Si esto os suena todo como poco apetecible, haced como la Palermo y llamad a Valentino, que os invite a su yate y no tengáis que ocuparos de nada más que de no quemaros y de manteneros hidratadas (y a flote).
Si en cambio queréis navegar un poco y ser parte de la tripulación activa, tendréis que hacer bien la maleta, así que apuntad algunas cosillas...
· Las cremas solares, a rajatabla. Os vais a hartar de sol, la sombra va a estar muy codiciada y os vais a poner morenos de todas todas. Cada pocas horas y aunque haga fresquito. La brisa engaña.
· Calzado: importantísimo. En los barcos no se lleva calzado de calle, pero es mejor llevar algo. Es imprescindible tener unos buenos náuticos (un par que sólo uséis a bordo), a ser posible de suela blanca (no deja señales), o algún zapato que se agarre bien a vuestro pie y con suela que se agarre bien al suelo. Ir descalzo en las maniobras favorece los resbalones y los golpes que duelen de verdad.
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· Sombrero. Por el mismo motivo que las cremas solares, las gorras o sombreros resultan muy útiles, pero tienen que ir bien sujetos. Si no estáis dispuestos a lanzaros al agua a rescatarlo (con permiso del patrón/a), ¡mejor no llevarlo!
· Jersey/ropa de abrigo. Por las noches puede llegar a hacer fresco (más o menos según dónde naveguéis, claro), y si vais a hacer travesías nocturnas, añadid un par de calcetines y algún pantalón largo y cómodo (o unos leggings de algodón, por ejemplo).
· Pañuelos/diademas/gomas... Viento casi constante, enredos casi constantes, a no ser que os recojáis el pelo estratégicamente...
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· Gafas de sol. Que vayan bien sujetas si no queréis que acaben en el fondo del mar. Hay cordoncillos a los que se puede acoplar incluso un pequeño elemento flotador, pero quizá baste con una visita a la óptica para ajustarlas... O no.
· Pastillas para el mareo y crema para los cardenales. Ambas cosas pueden suceder en mayor o menor cantidad... Tirando a mayor.
· Buena lectura y buena música. Normalmente hay muchos ratos para dormir, leer... Os sobrará el tiempo para ambas cosas. Y para el resto del tiempo, un buen recopilatorio musical.
· Poca ropa. Trajes de baño, shorts, camisetas, caftanes, polos... Pero pocos, porque siempre sobran. En los barcos el espacio se aprovecha al máximo, pero está ajustado.
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· Aletas y gafas. Además de tomar el sol, nadar y bucear os ayudarán a mantener ese tipazo por el que lleváis meses en el gimnasio. En los barcos se come y se bebe mucho, ¡así que también hay que moverse! Si lleváis una cámara sumergible os permitirá fotografiar lo que descubráis bajo el agua.
· Flexibilidad, espíritu aventurero, ganas de colaborar y de trabajar en equipo... Sólo manda una persona en el barco, que es el/la patrón/a, pero por encima están el viento y el mar. Ellos son los que realmente mandan, así que hay que disfrutarlos y respetarlos a partes iguales.
A un barco es mejor ir con lo justo y necesario, así que contad con que lo siguiente os lo podéis dejar en casa
· La pereza. Cuanto más activo, más se aprende y más se disfruta.
· Los tacones y modelitos urbanos. Los vaqueros ajustados.
· El reloj. En los barcos, el tiempo discurre de otra manera...
· La irresponsabilidad y el miedo. Los barcos son sitios para pasarlo bien, para vivir intensamente, pero antes que hacer una estupidez conviene pensarlo dos veces. No hay que tener miedo, pero sí respeto al mar y al viento. Son más fuertes de lo que parecen.
Si os gusta y tenéis la suerte de poder disfrutar una experiencia así, pasadlo genial y no dudéis en añadir lo que queráis a esta lista de necesidades. Si tenéis dudas, ¡preguntad lo que queráis!
¡Que tengáis un buen lunes!
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Genial! Muy buenos consejos! Añadiría el alergical para las picaduras de medusa... Jejeje...
ResponderEliminarInteresantes consejos :)
ResponderEliminarA mi poder navegar me parece un privilegio y es cierto que el tiempo transcurre de otra manera.
ResponderEliminarBuen post